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Necesito un descanso, me voy a divorciar

Actualizado: 14 may 2023

Según el INEGI, en México en 2021 de 100 personas que se casaron, 33 se divorciaron. Esta relación aumentó de 17 en 2012 a 33 en 2021. El promedio de edad al momento de divorciarse es de 39.6 años para las mujeres y 42.2 años para los hombres. Un dato interesante es que al momento del divorcio el 70% de los hombres declaró que trabajaba y solo el 50.4% de las mujeres. El informe también dice que el 31.2% se divorció legalmente luego de 20 años de matrimonio y el 46.6% duró entre 6 y 20 años. En países como Estados Unidos, Inglaterra y España las mujeres inician mucho más frecuentemente los trámites de divorcio. En Estados Unidos se estima que en un 70%. En otros países no es tan fácil tener ese número.


Vengo de una familia donde el divorcio lejos de ser un tabú es una práctica común. Mis abuelos por ambos lados estaban divorciados. De los 7 hermanos de la familia de mi papá, 4 se divorciaron y de los 3 hermanos de la familia de mi mamá, 2. En la gran mayoría de los casos quien lo inició fue ella, después de un sinfín de idas y venidas.


Las causas de esos divorcios son variadas pero yo tengo la impresión de que el drama estaba siempre presente. Era común que las historias incluyeran otras mujeres, segundas familias, alcohol y distintos tipos de violencia. Eran otros tiempos, los tiempos donde el hombre, el jefe de familia, en la mayoría de los casos el único proveedor del hogar, hacía y deshacía a su antojo. Y las mujeres aguantaban hasta que un día se cansaban, algunas lograban irse y otras no.


Hoy, lamentablemente estas historias siguen siendo demasiado comunes pero también existen otras mucho menos dramáticas pero complejas a la vez. Las mujeres dejan sus matrimonios porque se terminan cansando de llevar el peso emocional de la familia y la carga del cuidado de la casa y de los niños. Lo que antes las mujeres seguramente ni se cuestionaban, hoy es causa del fin de una historia de amor y de un proyecto de familia.


Las mujeres están exhaustas y cuando sus parejas no asumen su cuota parte de responsabilidades del hogar, cualquier día que no se tenga que asumir el 100% de las tareas es ganancia. Y en los casos extremos, cuando los padres dejan de ver a sus hijos una vez se termina el matrimonio, las mujeres siguen con las mismas tareas que antes pero al menos sin los sinsabores de las expectativas no cumplidas y el conflicto constante.


Lamentablemente el aumento del divorcio en los países está completamente relacionado con el aumento en la libertad financiera en las mujeres. Y digo lamentablemente porque eso significa que millones de mujeres en el mundo han querido y quieren salirse de un matrimonio infeliz pero no pueden. Pero que hoy haya un porcentaje mucho mayor de mujeres saliéndose de matrimonios infelices no quiere decir que quieran que su matrimonio termine en divorcio.


El amor romántico sigue muy vigente y el “vivieron felices para siempre” es lo que la mayoría de las personas que entran en un matrimonio quieren para sí. Sin embargo, los años pasan y muchas de las expectativas que se tenían no se cumplen.


A los hombres les está costando dejar sus sesgos y privilegios de género. Tienen que verse en una situación extrema como el fin de su matrimonio o estar en una relación donde su mujer tiene ingresos mayores para verse forzados a cuestionarlos.


Pilar Sordo, una psicóloga chilena, dice que los hombres están invitados a comenzar este proceso de transformación y dice que ojalá tomen esta invitación porque no están dando el ancho en el desarrollo de las emociones. Habla de la generación de hombres de más de 45, que aún tiene mandatos y patrones desde el poder y desde el control y dice que no es fácil configurar una nueva identidad si fue educado a que la misma esté basada en lo económico y en lo sexual. Pero es una gran oportunidad para que ellos se reinventen en una masculinidad distinta y nosotras en una feminidad mucho más segura y menos necesitada.


Y sí, es una gran oportunidad para todos pero hay que querer tomarla. Es un proceso de deconstrucción y reconstrucción donde los hombres se dan cuenta que las mujeres tienen el mismo derecho que ellos a dedicarle tiempo a su trabajo, al esparcimiento y al descanso y ellos tienen las mismas obligaciones de hacerse cargo de los hijos y de la casa. Y también es un proceso donde las mujeres se dan cuenta que no necesitan estar en pareja para sentirse plenas y que son capaces de proveerse de todas las cosas que necesitan (https://www.ellaxella.net/post/puedes-comprar-tus-propias-flores).


Querer tomar esta oportunidad trae retos importantes para las mujeres y uno de ellos, las mujeres jefas de hogar lo conocen bien, el de no poder darse el lujo de dejar un trabajo aún si no están pasando por el mejor momento en él. En las familias donde las mujeres trabajan, cuando este trabajo no es el principal proveedor de ingresos del hogar, muchas veces las mujeres tienen la elección de dejarlo si así lo desean. De hecho en más ocasiones de las que quisiéramos las mujeres son presionadas a dejarlo o a bajar sus ambiciones. Pero cuando las mujeres se comprometen con ellas mismas a ser proveedoras de sus propias necesidades, ser financieramente independientes deja de ser opcional.


Cuando la mujer toma esta oportunidad y el hombre no, las mujeres que trabajan pueden encontrarse en una encrucijada donde en un camino está continuar con la persona que quieren pero sacrificando la persona que quieren ser y tomando mayores responsabilidades de las que le corresponden en la familia; y por otro lado, está el camino de abandonar el vínculo.


Al final, aún con todos los avances que han habido en las últimas décadas en pro de la igualdad de género, las mujeres nunca tienen un camino fácil pero el camino puede ser menos difícil si antes de comenzar un vínculo de largo plazo con alguien se hacen acuerdos claros. Acuerdos que eviten que el único camino que una mujer encuentre para tener un poco de tiempo para ella misma sea salirse.




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