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El segundo turno

Actualizado: 22 sept 2023

  1. ACOMPAÑAR A TU HIJO HASTA QUE SE QUEDE DORMIDA EN LA SIESTA

  2. AYUDAR A TU HIJO A ORDENAR

  3. AYUDAR A TU HIJO A VESTIRSE

  4. BAÑAR A TU HIJO

  5. CARGAR EL AGUA, MAMILA, COMIDA, JUGUETES Y ABRIGO DE TU HIJO

  6. CAMBIARLE EL PAÑAL A TU HIJO

  7. CALENTAR LA MAMILA DE TU HIJO

  8. COLGAR LAS TOALLAS DEL BAÑO

  9. COLGAR LA ROPA

  10. COMPRAR BOTANA PARA LA MERIENDA COMPARTIDA DE LA ESCUELA

  11. COMPRAR LA PIÑATA Y LOS DULCES PARA LA FIESTA DE TU HIJO

  12. CONTESTAR CORREOS DE LA ESCUELA

  13. DARLE LA MAMILA A TU HIJO

  14. DECIDIR QUE SE VA A HACER PARA LA COMIDA

  15. DECIRLE A TU HIJO QUE GUARDE LOS JUGUETES

  16. DESPERTAR A TU HIJO

  17. DOBLAR LA ROPA

  18. ELEGIR LA ROPA DE TU HIJO

  19. ESCRIBIR A LA ESCUELA PORQUE NO LLEGÓ LA CHAMARRA

  20. ESCRIBIRLE A LA MAESTRA DE TU HIJO

  21. ESCRIBIRLE A LA MAMÁ DEL AMIGO DE TU HIJO

  22. ESCRIBIR A LA ESCUELA PARA COORDINAR LA SALIDA DE TU HIJO Y SU AMIGO

  23. ESTERILIZAR LA MAMILA DE TU HIJO

  24. GUARDAR LA ROPA

  25. GUARDAR LOS PLATOS

  26. HACER EL BOLSO CON TODO LO QUE NECESITA TU HIJO CUANDO SALEN DE CASA

  27. HACER LA LISTA DE INVITADOS DEL CUMPLEAÑOS DE TU HIJO

  28. HACER LA LISTA DE ÚTILES

  29. HACER LA MAMILA DE TU HIJO

  30. HACER LA PAPILLA DE TU HIJO

  31. HACER LA LISTA DEL SUPER

  32. HACERLE ACORDAR A TU HIJO QUE TIENE TAREA

  33. IR A BUSCAR A TU HIJO A LA CASA DE UN AMIGO

  34. IR A BUSCAR A TU HIJO A LA ESCUELA

  35. IR A COMPRAR EL REGALO DEL CUMPLEAÑOS DEL AMIGO DE TU HIJO

  36. IR A COMPRAR LOS ÚTILES QUE FALTAN

  37. IR A LA PRESENTACIÓN DE TU HIJO EN LA ESCUELA

  38. IR AL DESAYUNO DE PAPÁS DE LA ESCUELA

  39. IR O ENCARGAR EL SUPER

  40. JUNTAR LA ROPA SUCIA

  41. LAVAR EL BAÑO

  42. LAVAR LOS PLATOS

  43. LAVAR LOS TACHOS DE BASURA

  44. LAVARLE LOS DIENTES A TU HIJO

  45. LEER CORREOS DE LA ESCUELA

  46. LEER EL CHAT DE LA ESCUELA

  47. LEERLE A TU HIJO UN CUENTO

  48. LEVANTAR EL MANTEL

  49. LEVANTAR LOS JUGUETES QUE QUEDAN TIRADOS

  50. LEVANTAR LOS PLATOS Y DEMÁS DE LA MESA

  51. LEVANTAR LOS VASOS QUE QUEDAN POR LA CASA

  52. LIMPIAR LAS MIGAS DEL PISO

  53. LIMPIAR LA PAPILLA QUE QUEDÓ POR TODOS LADOS

  54. LLEVAR A TU HIJO A DORMIR LA SIESTA

  55. LLEVAR A TU HIJO A LA CASA DE UN AMIGO

  56. LLEVAR A TU HIJO A LA ESCUELA

  57. LLEVAR A TU HIJO A SU CAMA CUANDO SE DESPIERTA EN MEDIO DE LA NOCHE

  58. LLEVAR A TU HIJO A SU CLASE DE NATACIÓN U OTRA ACTIVIDAD

  59. LLEVAR A TU HIJO Y SUS AMIGOS AL CINE

  60. LLEVAR A TU HIJO AL PEDIATRA

  61. LLEVAR A TU HIJO A TU TRABAJO PORQUE NO HAY NADIE QUE LO PUEDA CUIDAR

  62. LLEVAR AL AMIGO DE TU HIJO A SU CASA

  63. LLAMAR AL PEDIATRA PARA HACER UNA CITA

  64. LLAMAR AL SANITARIO

  65. MANDAR A HACER EL PASTEL DE LA FIESTA DE TU HIJO

  66. ORDENAR LA ROPA DE TU HIJO

  67. ORGANIZAR LAS ACTIVIDADES DE LA FIESTA DE TU HIJO

  68. PAGAR LA CUOTA DEL SALÓN

  69. PASAR A BUSCAR A TU HIJO POR LA GUARDERÍA CUANDO SE SIENTE MAL

  70. PASAR LA ASPIRADORA

  71. PENSAR EN EL LUNCH PARA LA ESCUELA

  72. PLANCHAR

  73. PONER BOLSAS NUEVAS DE BASURA

  74. PONER EL MANTEL A LAVAR

  75. PONER LA ROPA A LAVAR

  76. PONER LA ROPA EN LA SECADORA

  77. PONER LOS PLATOS EN LA MESA

  78. PONER LOS VASOS Y CUBIERTOS EN LA MESA

  79. PREPARAR EL LUNCH PARA LA ESCUELA

  80. QUEDARTE AL LADO DE TU HIJO HASTA QUE SE DUERMA

  81. QUEDARTE CON TU HIJO CUANDO VUELVE DE LA ESCUELA

  82. RECORDARLE A TU HIJO QUE SE LAVE LAS MANOS

  83. REVISAR LA MOCHILA DE TU HIJO

  84. REVISAR LA TAREA DE TU HIJO

  85. REVISAR LOS ÚTILES DE TU HIJO

  86. REVISAR QUE TU HIJO HAYA HECHO LA TAREA

  87. SACAR LA BASURA

  88. SERVIR LA COMIDA

  89. TRABAJAR DESDE CASA CUANDO TU HIJO ESTÁ ENFERMO

  90. TRATAR QUE TU HIJO COMA SU PAPILLA


¿Cuántas de todas estas tareas, y las que faltan, tienes asociadas con tu mamá y cuántas con tu papá? Si bien mi papá pasaba mucho tiempo en mi casa no lo asocio con ninguna. Mi mamá, con ayuda de mi abuela, se encargaban de todo lo que tenía que ver con nuestra vida diaria. Mi mamá además, es probablemente la persona más trabajadora que conozco y aún cuando me considero una persona con una alta capacidad de trabajo, no creo que llegue al nivel que vi en mi mamá nunca.


Tampoco recuerdo que la rutina de mi papá estuviera de alguna forma condicionada con la de mis hermanos o la mía: escuela, cumpleaños, deportes, eventos escolares no estaban en la agenda y no condicionan la hora que se iba o llegaba a la casa, si salía de viaje en una fecha en vez de otra, si se quedaba en casa o salía. De alguna manera un evento tan disruptivo como tener hijos no logró afectar su agenda, lo cual quiere decir que no afectó su libertad. Mi papá fue tan libre antes de tener hijos que después de tenerlos.


Mi papá sí fue la persona con la que tuve largas charlas de la vida, el que me dejó enseñanzas que llevo conmigo al día de hoy y el que nos compraba los juguetes que realmente él quería jugar.


Paradójicamente habiendo tenido un matrimonio tan tradicional en cuanto a las responsabilidades familiares, no dejaba de decirme (su única hija mujer) que podía lograr todo lo que me propusiera, que no existía techo para mi.


No recuerdo tener consciencia de todas las tareas que se realizaban en mi casa para que funcionara ni que me cuestionara si realmente le correspondían todas a mi mamá. Lo daba por sentado. Tampoco recuerdo que estuviera en mis pensamientos quién se iba a ocupar de esas tareas si algún día formaba mi propia familia. De alguna manera daba por obvio que serían tareas compartidas y siendo honesta, ni siquiera tenía una idea clara cuáles serían esas tareas. Supongo que si le hubieran preguntado a mi yo de 20 años, diría un muy genérico “cuidar a los hijos y hacer las tareas de la casa”, lo que que quiera que eso significara.


Vaya sorpresa cuando ese mar de tareas me cayeron encima de un día para otro. Resulta que la vida si es un antes y un después del día que sales del hospital con tu primer hijo y si tu preparación se limitó a tener una cuna, ropa de bebé, mamilas y leer un par de libros, el golpe va a ser mucho más duro y solo se va haciendo más duro en la medida que los meses pasan. Todas sabemos que hay tareas como amamantar que solo nosotras podemos realizar y aunque está lejos de ser algo sencillo, muchas estamos mentalizadas a hacer nuestro mejor esfuerzo. ¿Pero qué pasa con el sin fin de otras tareas que no solo nosotras podemos hacer? Incluído estar noches y noches en vela durmiendo bebés que aman la noche. Según Cepal, las mujeres dedican más del triple de tiempo al trabajo no remunerado que los hombres. Y esta desigualdad se presenta en todos los países de América Latina. “El trabajo doméstico y de cuidado incluye entre otros la preparación de alimentos, lavado de vajilla, limpieza y mantenimiento de la vivienda, lavar y planchar ropa, jardinería, cuidado de mascotas, compras para el hogar, instalación, mantenimiento y reparación de bienes personales y de uso doméstico, y cuidado de niños, enfermos, ancianos o discapacitados.”


Hoy me pregunto cómo es posible que exista todo un segundo trabajo que hay que realizar cuando se decide formar una familia y no estuviera enterada. Según la ONU Mujeres, “las mujeres tienen una responsabilidad desproporcionada con respecto al trabajo no remunerado de cuidados que prestan a otras personas. Las mujeres dedican entre 1 y 3 horas más que los hombres a las labores domésticas diarias; entre 2 y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados (a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas), y entre 1 y 4 horas diarias menos a actividades de mercado. En la Unión Europea por ejemplo, el 25 por ciento de las mujeres informa que las responsabilidades de cuidados y otras tareas de índole familiar y personal son la razón de su ausencia en la fuerza de trabajo, en comparación con el tres por ciento de los hombres. Esto tiene un efecto adverso directo en la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo.” El segundo turno no respeta nacionalidades ni niveles socioeconómicos. Como bien dice ONU Mujeres las mujeres tenemos una responsabilidad desproporcionada en las tareas del hogar. Y como también bien dice, esto tiene un efecto adverso en nuestra participación en la fuerza de trabajo.


Tal vez hoy los trabajos y las carreras ya no están limitadas como estaban en la época de nuestras abuelas y madres. Mi bisabuela no trabajó fuera de casa pero increíblemente una de sus hermanas sí, mi tía bisabuela fue una gran maestra hasta que se jubiló. Mi abuela misma fue maestra rural hasta que se casó y ya no volvió a trabajar. Una de sus amigas más cercanas fue secretaria de un importante partido político hasta que se jubiló y fue algo completamente transgresor y admirable. Estas mujeres hacían un trabajo increíble dentro y fuera de casa, cocinando comida deliciosa y casera para un batallón de gente, cuidando a hijos y familiares cercanos y acompañando a sus hijos hasta el momento que formaban su propia vida. Pero sus opciones eran limitadas y cuestionarse que tal vez toda la responsabilidad del hogar no les correspondía solo a ellas no era opción.


Hoy las mujeres saben que si tienen suerte pueden estudiar la carrera que quieran y aspirar al trabajo que más las ilusione con la “pequeña” sorpresa que esto sucederá mientras además se hagan cargo de todo el trabajo necesario para que su hogar funcione. Por eso es un segundo turno, el primer turno es el trabajo remunerado y el segundo es el trabajo de la casa.


Y ese trabajo necesario puede significar distintas cosas dentro de las distintas realidades pero siempre es trabajo. Hay quienes son lo suficientemente afortunadas que pueden tercerizar parte de ese trabajo, desde llevando la ropa a una lavandería, comprando comida a domicilio o pagándole a una persona para que ayude en la limpieza o el cuidado de los niños, pero esa tercerización nunca será total y seguirán existiendo un sinfín de tareas que alguien debe realizar, incluyendo la propia organización que también es trabajo.


Recordaba la película “¿Cómo lo hace?” (en inglés “I don’t know how she does it'') de Sarah Jessica Parker donde interpreta a una mamá de dos hijos pequeños que tiene un trabajo muy demandante y pasa gran parte del tiempo viajando. Es una película vieja y en mi memoria el mensaje de que una mujer pueda hacerlo todo era un aspiracional, todo lo que una mujer competente debe lograr. Hoy pienso que es una trampa que solo lleva a que el resto del mundo siga su vida sin afectación y deja mujeres exhaustas, frustradas y no realizadas. Por suerte el personaje principal transiciona, haciendo spoiler, de una mujer que pide permiso y se siente culpable antes de cada viaje de trabajo aún siendo el único ingreso de la familia, a un matrimonio donde ambas personas generan ingresos y se encargan de las tareas del segundo turno.


La trampa se vuelve aún más peligrosa cuando esta mujer que se hace cargo del segundo turno comienza a cuestionar el mandato de que ella puede tenerlo todo pero solo si está dispuesta a hacerlo todo. Dado que una gran parte de las tareas del segundo turno están asociadas con el cuidado y bienestar de niños, cae sobre ella un mensaje aún más dramático y perverso, “la mala madre”. Parece que cualquier tarea relacionada a niños tiene que ser considerada como una bendición para la madre, así sea cambiar pañales o repetir diez mil veces a un niño que se lave las manos. La realidad es que muchas de las tareas del segundo turno son repetitivas, aburridas y cero agradecidas. Tengo muy grabados los mensajes de mi madre, abuela y tía cuando nos estaban instruccionando sobre temas del tipo buenos modales en la mesa explicándonos que cuando fuéramos de visita a las casas de nuestros amigos, los padres de éstos no pensarían que nosotros no tenemos buenos modales sino que nuestra madre no nos educó correctamente. El juicio iba a caer sobre ellas, no sobre nosotros los niños y ellas lo sabían.


Semejante condena sin chance de defensa es probablemente una de las razones por las que las mujeres dedican todas esas horas extras que tantos estudios hoy visualizan, estando convencidas o no. Y también seguramente es una de las razones por las que muchos matrimonios se deterioran una vez que llegan los hijos.


Hoy daría cualquier cosa por haber tenido esta información y haber hecho acuerdos mucho más específicos antes de casarme, aún a riesgo de que el acuerdo fuera que no hay acuerdo. Y con específicos no me refiero a una charla superficial donde decimos que vamos a compartir las tareas. Me refiero a hacer una lista con todos las tareas que se mencionan arriba y las que faltan, dividir las tareas que se pueden y ponerlo en práctica, simular de alguna manera las que aún no se pueden poner en práctica. El segundo turno tiene que ser un tema que se discuta y se practique de forma explícita, con toda la profundidad y tiempo que se necesite. Creo que es mucho menos doloroso hacerlo antes de realizar un gran compromiso que hacerlo después. No podemos controlar el futuro pero sí podemos ir mejor preparadas hacia él. Y no podemos seguir siendo las niñas que le hacen la tarea a todo el mundo.


Tampoco podemos controlar la expectativas que pone el mundo sobre nosotras, ni las creencias de que hay tareas que son fundamentalmente femeninas o que éstas están atadas al que tiene un sueldo menor cuando realmente son responsabilidades que cualquier persona funcional puede y debe realizar independientemente de cualquier otra variable. Lo que sí podemos controlar es cuestionarnos qué es lo que realmente queremos para nuestro futuro y elegir una pareja que crea justamente que las parejas deben ser parejas.


Cuando un hombre es el último en irse de la oficina hay una mujer en la casa cargando su cuota de responsabilidad.




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