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Money, Money, Money

A mis 32 años tuve a mi primer bebé, estuve 3 meses de licencia maternal y volví a trabajar. Ese día, nos juntamos todos los del área como lo hacíamos normalmente cuando festejábamos el cumpleaños de algún compañero en el centro de nuestro piso alrededor de unos archiveros muy largos que hacían de mesa. Recuerdo que recibí varias felicitaciones por mi bebé y entre una cosa y la otra, una compañera me preguntó por qué había vuelto a la oficina. No entendí bien la pregunta y no recuerdo que contesté pero sí recuerdo lo que ella me dijo a continuación: “yo sí espero encontrar a alguien que me saque de trabajar.” Esa frase permanece conmigo al día de hoy. Como historia de la serie de Netflix, Bridgerton, el matrimonio era la única forma de que las mujeres pudieran asegurarse recursos para ellas y sus futuros hijos y aún muchos años más tarde de que las mujeres ingresaran al mercado laboral remunerado esa idea sigue vigente.


Dice la letra de Abba en su canción “Money, Money, Money” (https://www.youtube.com/watch?v=ETxmCCsMoD0):

In my dreams I have a plan

If I got me a wealthy man

I wouldn't have to work at all, I'd fool around and have a ball


Con el tiempo vi como muchas compañeras de trabajo quedaban embarazadas, se tomaban su licencia maternal, volvían unas semanas y renunciaban. Recuerdo una chica con la que coincidimos en un proyecto que estaba intentando lanzar, era un proyecto para ayudar a nuestros clientes a administrar mejor sus finanzas personales Ella era diseñadora y me estaba ayudando a darle forma a la experiencia que tendría el cliente en caso de que lograra que me autorizaran el proyecto. Trabajamos increíble y consideraba que era muy talentosa. Estaba embarazada y estaba considerando sus opciones luego de tener a su bebé, no tenía claro si volvería a trabajar o no. Intenté persuadirla para que volviera, se me hacía una tristeza que una chica talentosa y con una actitud increíble dejara de ofrecerle sus talentos al mundo y a la organización. Quise ahorrarle un poco de camino y le recomendé la guardería a la que iban mis hijos que fue un verdadero parteaguas para que yo pudiera seguir trabajando. Finalmente, tuvo a su bebé, se fue de licencia maternal, volvió y al poco tiempo me dijo que iba a renunciar porque no quería dejar a su bebé tantas horas en la guardería. En su área no había horario flexible para las mamás y ella tampoco se animó a pedirlo. Le deseé toda la suerte del mundo y le dije que totalmente entendía su decisión. Esa historia también quedó en mi para siempre y es parte de por qué en algún momento decidí que era hora de empezar a hablar de estos temas.


Detrás de una historia como esta y tantas similares se esconden muchas problemáticas. La desigualdad a la hora de encarar los cuidados de la casa y de la familia, la falta de flexibilidad laboral, la desigualdad en los ingresos, y la falta de redes de soporte para el cuidado de nuestros bebés.


Pero además de todo esto, también se esconde el mito de que el cuidado de los niños es tarea exclusiva de la madre y que el trabajo de la mujer es opcional. La creencia de que el cuidado de los niños es exclusivo de la mamá es una creencia muy conveniente, que sirve a todo el mundo menos a la mamá. Hay solo 3 cosas que solo las mujeres pueden hacer y eso es quedar embarazadas, parir y amamantar. El otro sin fin de tareas y cuidados que requieren los niños los pueden hacer también otras personas, empezando por el padre quien es igual de responsable de la crianza y bienestar de su hijo como la madre.


El mito de que el trabajo de la madre es opcional es igual de dañino que el anterior. Son pocas las familias que se pueden realmente mantener con un solo ingreso y alrededor de un tercio de las familias solo tienen el ingreso económico de la madre (https://www.ellaxella.net/post/es-importante-mi-vida-profesional). Una falsa creencia es la que nos dice que si el ingreso del hombre de la familia es suficiente para pagar los gastos de la casa y de los hijos, entonces la mujer puede darse el lujo y de hecho en muchos casos es presionada, a dejar de trabajar.


Esta creencia es errónea por muchas razones. El ingreso que se está perdiendo no solo es el ingreso actual que puede tener esa mujer, sino el ingreso futuro que podría tener. Conocer este concepto fue importante a la hora de decidir si continuar con mi trabajo o no cuando la presión y las dificultades eran altas y esto lo leí de forma muy oportuna en el libro Lean In de Sheryl Sandberg en 2014, el año que nació mi segundo hijo. En este libro la autora dice que algunas mujeres dejan de trabajar demasiado temprano en sus carreras porque su sueldo apenas cubre el costo del cuidado de sus hijos. Este gasto es un gasto grande y es muy frustrante trabajar tan duro para apenas cubrir este costo. Sin embargo, la autora dice que las mujeres necesitan medir el costo de los cuidados de sus hijos contra su ingreso futuro en vez de sobre su ingreso actual.


En mi caso, cuando más presión tuve para tomar esa decisión, mi sueldo no cubría ni el costo del cuidado de mis hijos, sino solamente el costo de tener la ayuda en casa para su cuidado cuando se enfermaban o entre que volvían de la guardería y yo llegaba de trabajar, y un poco más. Hoy, 10 años después del nacimiento de mi primer hijo, puedo decir que si hubiera renunciado a mi trabajo solo tomando en cuenta ese factor, hubiera tomado una decisión errada. Como lo predijo Sheryl, hoy mis ingresos pueden pagar bastante más que la educación y cuidados de mis hijos cuando no estoy.


El trasfondo de este tema, desde mi punto de vista, está en, ¿cuánto dinero es suficiente dinero?. Hace unos años justo cuando estaba investigando para ese proyecto de finanzas personales me crucé con un libro que al día de hoy es el mejor libro que conozco sobre finanzas personales. Este libro se llama All Your Worth de la autora Elizabeth Warren, quien era profesora de Harvard y ahora es senadora de Estados Unidos. A grandes rasgos, este libro nos dice que separemos nuestros gastos en 3 grandes categorías: Lo que necesitamos que no debería ser más del 50% de nuestro ingreso, Lo que queremos que debería ser un 30% y nuestro Ahorro que debería ser el restante 20%.


En la categoría de Lo que necesitamos entran los gastos como la renta o la hipoteca, electricidad, agua, gas, internet, teléfono, seguro de gastos médicos, gastos de transporte, educación de los niños, otros seguros como de auto o vida, comida, medicamentos, otros préstamos.


La razón de por qué esta categoría no debería pasar del 50% es porque, según la autora, deja suficiente dinero para gastar en las otras dos categorías pero además deja suficiente espacio para maniobrar cuando las cosas salen mal, hay flexibilidad para recortar gastos si se necesita.


En la categoría de Lo que queremos entran los gastos que están relacionados a disfrutar la vida. Aquí entran boletos de avión y otros gastos de vacaciones, clases extras, regalos de navidad, ropa nueva, cine, salidas con amigos, ayuda en la casa, peluquería, nuevos muebles y adornos para la casa, y suscripciones.


Y finalmente está la categoría del Ahorro, que la autora aconseja dividir en tres: una inversión a largo plazo para el retiro, hacer pagos anticipados a la hipoteca en caso de tenerla y en ahorro para otros sueños como un departamento en la playa o la boda de nuestros hijos. Esto, una vez que hayan sucedido dos cosas primero: deshacerte de deudas (que no sean crédito hipotecario) y tener un fondo de emergencias de alrededor de 6 meses de sueldo.


Entonces, cuando hablamos que los ingresos del hombre de la familia son suficientes, ¿realmente estamos considerando todos los gastos?, ¿estamos incluyendo los gastos de la categoría de las cosas que queremos? Y más importante aún, ¿estamos incluyendo el dinero destinado al ahorro?


Antes de tomar la decisión de dejar un trabajo, las mujeres tenemos que pensar si el ingreso familiar es suficiente para que nosotras también podamos gastar en cosas que queremos como salir con nuestras amigas, ir a la peluquería o cambiar algo en nuestra casa, sin que eso sea un gasto excepcional o tengamos que andar pidiendo permiso.


Más importante aún es que nos aseguremos que aún sin trabajar, hay dinero suficiente para que podamos, todos los meses, ahorrar para nuestro retiro. ¿Retiro de qué? Si ya no voy a trabajar no hay trabajo de qué retirarse. La realidad es que sí hay, todas las personas vamos a llegar a un punto de nuestra vida en la que ya no podamos valernos por nosotros mismos, y que no podamos trabajar, remunerado o no remunerado. Y todas vamos a necesitar dinero para vivir, para los gastos de las cosas que necesitamos al menos.


Hace muchos años, por la época que tenía 2 bebés en mi casa con pañales y me crucé con el libro de Sheryl Sandberg, mi marido y yo estábamos viendo temas de seguros con una broker y nos ofrecieron un seguro de vida con un componente de inversión que sirve a su vez como fondo de retiro (si no te mueres antes claro). Empezamos a revisar la posibilidad de contratar uno para cada uno. Entre la discusión surgió un argumento muy común y también muy errado desde mi punto de vista, y este era que mi marido no necesitaba un seguro de vida mío porque si yo me moría él no iba a sentir la falta de ingresos dado que casi todos los ingresos de la casa venían de él.


Este argumento es falso porque aún en los casos donde la mujer no trabaja, si ella falta teniendo hijos que no son adultos, los gastos de la casa van a incrementar por la ayuda extra que se va a necesitar para suplir el sín fin de tareas que las mujeres llevamos a cabo (https://www.ellaxella.net/post/el-segundo-turno-2). Y esta presión extra podría en muchos casos desestabilizar el bienestar financiero de la familia.


Pero ese argumento realmente no era lo más importante. Lo más importante es que en ese momento me di cuenta que realmente no había dinero suficiente para que ambos tuviéramos el seguro de retiro que estábamos considerando. Y en ese momento también me di cuenta que mi trabajo no era opcional, además, casualmente, entre otros beneficios, incluye un plan de retiro y un seguro de vida.


Asumir que realmente no tenemos la opción que creíamos que teníamos, puede ser un golpe duro. Algunas mujeres, como fue mi caso, pueden estar totalmente convencidas que quieren tener una carrera, otras pueden estar indecisas y algunas como mi compañera, solo están esperando el momento de poder dejar de trabajar. En cualquier caso, levantarte todas las mañanas sabiendo que el trabajo no es opcional puede ser una presión grande y hasta quitarle un poco el gusto a la vida, pero es una realidad que cuanto antes la asumamos antes podremos tomar las riendas de esta parte de nuestra vida tan importante que es nuestro bienestar y libertad financiera.


Unos años después de cruzarme con el libro All Your Worth me crucé con otro libro que cambió mi concepto de la riqueza y que es el perfecto complemento del libro anterior. El libro se llama Padre Rico, Padre Pobre de Robert T. Kiyosaki. En una de sus páginas dice: La clave para volverse rico radica en la habilidad que se tenga para convertir el ingreso ganado en ingreso pasivo o de portafolio lo antes posible.


Es decir, no es más rico el que más dinero gana sino el que tiene más dinero que trabaje para él. La verdadera riqueza está en tener un flujo de dinero mensual que alcance para pagar tus gastos sin que tengas que hacer nada o casi nada para recibirlo. Dependiendo de tus gastos será que tan grande sea ese monto. Y también de tu realidad familiar. No es lo mismo ser una persona jóven sin hijos que una familia con hijos en la universidad.


Esa debería ser la verdadera brújula de crecimiento económico, cuánto dinero llega a mi sin que tenga que hacer nada. Es mucho más valioso un peso que llega solo, que 10 pesos que tengo que trabajarlos y que si me los gasto no me queda nada. También dice el libro: La vida no se trata de cuánto dinero hagas, sino de cuánto dinero guardes. Y dice: La gran diferencia entre la gente rica y la gente pobre y de clase media, es que los ricos adquieren los lujos al último, en tanto los demás lo hacen al primero. En otras palabras, de nada sirve tener el sueldo más alto del mundo si cuando termina el mes no queda nada y al siguiente mes vuelves a empezar de cero sin convertir parte de ese dinero en un activo. Visto desde este punto de vista, un 20% de ingresos en ahorro suena conservador.


Me hubiera gustado haber sabido esto desde siempre porque creo que una visión así de lo que realmente es el crecimiento económico personal puede cambiar radicalmente cómo una persona jóven encara la adultez. En mi caso recuerdo que las opciones eran tener alguna profesión que se pueda realizar independiente como arquitectura o psicología, donde se tiene más libertad pero también más incertidumbre; trabajar en un empleo público o en uno privado. De esas tres opciones, la que se veía como el camino más probable de generar mayores ingresos era el empleo privado.


Un negocio propio no estaba en el menú. Invertir el dinero ganado tampoco. Para los que tenían campo y les gustaba, esa podía ser una opción. Lo más cercano a este concepto que vi de niña es mi abuela que al día de hoy “vive de rentas”. Creo que hubiera sido mucho más educativo decir que mi abuela vive de sus ingresos pasivos.


Para los que no llegamos a la vida adulta con un patrimonio y lo tenemos que construir, pensar en acumular suficiente para que nos genere un ingreso pasivo parece misión imposible, pero justamente por eso creo que cuanto antes se comience, antes vamos a llegar. Comenzar cuando ya tienes cierta edad y un presupuesto familiar enorme no parece tan viable. Y justo en ese momento puede ser que ya te empieces a sentir cansado del trabajo que tienes y te des cuenta que, sin importar lo bien que te haya ido, sigues siendo tan preso de ir a trabajar todos los días como lo eras cuando recién empezaste a trabajar.


Dice Naval Ravikant que no debemos jugar el juego del estatus sino el juego de la riqueza. Y define riqueza de la misma forma que la definimos antes. Los juegos de estatus, dice, se ganan atacando a otros jugadores para subir peldaños en la jerarquía, son juegos de suma cero. También dice “jugando juegos estúpidos, se ganan premios estúpidos”. Y sin embargo, ahí estamos la mayoría jugando juegos estúpidos, intercambiando nuestro tiempo por dinero, comprando cosas que no necesitamos y sumamente lejos de la libertad financiera.


Hablar de dinero no es algo de mal gusto como nos decían las abuelas, y dejar nuestro bienestar financiero en manos de otra persona puede parecer más cómodo pero nos puede poner en una situación de altísimo riesgo y dependencia.


La realidad es que no es fácil empezar este camino de tomar el control de nuestras finanzas personales, sobre todo si nunca nos hablaron de eso, no tenemos idea de cómo empezar y tal vez hasta nos sentimos grandes para hacerlo, pero esto comienza con un pequeño paso a la vez. Y cada paso significa lograr un poco más de seguridad y un paso menos para llegar a nuestra libertad.


“Al final, el dinero compra una de dos cosas: la esclavitud o la libertad. Esclava de tu empleo, de tus deudas y a veces incluso de tus relaciones. O bien, libre de vivir tu vida como elijas hacerlo.” Kim Kiyosaki.




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